Una invitación a honrar nuestra sangre menstrual, agradecer los ciclos y despedir a las mujeres que fuimos.

Tengo 52 años. Después de casi siete meses sin menstruar, hace unos días mi sangre volvió.
Y me sentí muy feliz. Feliz de verla, de tocarla, de sentirla… Con la clara sensación de que me estoy despidiendo de ella. No sé si volverá otra vez.
Los años de la perimenopausia tienen algo extraño: no sabemos cuál será nuestra última menstruación.
No hay una fecha determinada. Lo sabemos retrospectivamente, cuando ha pasado un año desde nuestra última menstruación.

Si ya me conoces, sabes que el ciclo menstrual ha tenido muchísima importancia en mi vida. Hasta el punto de que decidí llamar a mi proyecto Mujer Cíclica.
Por eso, este tiempo de despedirme de mi menstruación está también lleno de significado.
De duelos. Y de agradecimiento.
Sé que no todas las mujeres vivimos así la despedida.
Para algunas, dejar de menstruar será un enorme alivio después de años de dolor, molestias, sangrados abundantes o de tener que organizar la vida alrededor de la regla.
Para otras, cada menstruación ha traído durante años la confirmación de que el embarazo no había llegado. Y la última puede significar también despedirse de esa posibilidad.
Hay lugar para el alivio y para el duelo.
No necesitamos romantizar la menstruación para honrarla.
Honrar mi menstruación no significa querer conservarla.
Para mí significa darme la oportunidad de mirar hacia atrás, agradecer y despedirme de las mujeres que fui. Mi menstruación ha acompañado tantas versiones de mí.

Desde mi primera menstruación: aquella chica de 12 años que se asustó, que tuvo mucho dolor menstrual y que se puso a llorar cuando llegó aquello que en mi familia llamábamos “the curse”, la maldición.
Durante años, mi cuerpo me ha enseñado que nada permanece.
Crecer. Expandirme. Llegar a la plenitud. Decrecer. Soltar. Retirarme. Volver a empezar.
La menstruación es una maestra de lo cíclico.
Ser una persona menstruante es haber recibido durante años una enseñanza cíclica en el propio cuerpo.

Esta última menstruación llegó el día antes de que mi hijo cumpliera 20 años.
Y me conectó profundamente con el hecho de haber sido madre, con mi embarazo y con la fuerza imparable de su nacimiento.
Mi sangre menstrual también me conecta con mi madre, mi abuela, mi bisabuela… con todo mi linaje materno.
El hilo rojo.
Con las mujeres que me precedieron y con todas las que, de una manera u otra, forman parte de mi historia.

La menstruación también ha sido una maestra de la muerte para mí.
Hay un momento del ciclo, justo antes de menstruar y durante la menstruación, en el que muchas hemos experimentado algo parecido a una pequeña disolución.
Mi cuerpo cíclico me ha recordado:
Hay un momento para soltar.
Para rendirme.
Para entrar en lo profundo.
Para dejar morir lo que ya terminó su ciclo.
Esta llegada inesperada de la sangre me ha permitido volver a hacer un ritual que he hecho desde hace muchos años.

Devolver mi sangre a la tierra.
La ofrezco como un gesto de agradecimiento.
Con ella devuelvo también memoria, vida, experiencia y gratitud.
A la tierra que recibe, transforma y conoce también los ciclos de vida, muerte y renovación.
También la ofrezco como un pequeño gesto de sanación y de paz.
Nuestra sangre menstrual es sangre de vida.
No sangre de violencia.
No sangre de guerra.
Para mí, devolverla a la tierra es también un ritual por la paz en el mundo.

No hay una única manera de despedirnos.
Este es mi ritual, pero quizá el tuyo sea completamente diferente.
Puedes escribir una carta a tu sangre. Encender una vela.
Bañarte conscientemente. Dar las gracias a tu cuerpo.
Hablar de ello con otras mujeres.
Mirar tus ciclos de estos últimos años y recordar quién eras en cada uno de ellos.
Crear algo. Bailar. Caminar por la naturaleza…
O simplemente sentarte en silencio y reconocer:
Este ciclo de mi vida está llegando a su fin.

Despedirse no significa rechazar.
Despedirse puede ser agradecer.
Agradecer la sangre.
Agradecer los ciclos.
Agradecer a todas las mujeres que fuimos.
Agradecer el cuerpo que nos ha traído hasta aquí.
Y confiar en la mujer que está llegando.
Cuando se acerque tu última menstruación, puedes preguntarte:
¿Qué quieres agradecerle?
¿Qué quieres honrar?
¿Cómo quieres despedirte de esta etapa de tu vida?
¿Qué parte de ti está preparada para nacer ahora?

La perimenopausia no solo cambia nuestro cuerpo.
Nos está iniciando en una nueva etapa y en nuevas formas de ser mujer.
Llevamos con nosotras toda la sabiduría de los años que hemos menstruado. Es una inmensa oportunidad para soltar, dejar ir, integrar y enraizar lo vivido.
Si estás atravesando este umbral, te acompaño.




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