Por Sophia Style

Crone Tree, Carolyn Hillyer
La Abuela Muerte nos está llamando. Pide que la miremos, la honremos, la toquemos y la integremos. Ella sabe que después de muchos años, siglos, de apartarla, rechazarla, temerla y esconderla, estamos preparadas para abrazarla de nuevo.
En estos tiempos de enorme transformación, estamos viviendo un gran despertar con relación a la muerte, a la manera en que queremos vivirla y relacionarnos con ella como sociedad.
Una figura que forma parte de este cambio cultural y social es la Doula de la Muerte. Aunque muchas personas nunca hayan oído hablar de ella, en realidad ha estado presente desde los inicios de la historia humana.
iSi vamos atrás en el tiempo hasta la época paleolítica, hace 250 mil años, descubrimos en todos los continentes esqueletos enterrados en cuevas en posición fetal, evocando la forma de la matriz.
Podemos visualizar y conectar con las personas que colocaron expresamente los cuerpos difuntos en esta posición con cuidado y delicadeza, en lugares protegidos. Personas que también son nuestras ancestras y ancestros, y que acompañaban ese momento de gran misterio.
Los ritos funerarios se hicieron más elaborados con el paso del tiempo. Los restos de las personas difuntas hace 40 mil años llevan collares de cuentas hechas de dientes de zorro, ciervo o jabalí, cráneos cubiertos de gorras hechas de conchas, ocre rojo pintado en los huesos y, además, fueron enterrados con objetos sagrados tales como jarras.
Esta memoria de la muerte como un rito de paso que pide ser tratado con profundo respeto y esmero sigue presente en nuestros huesos y en esta época está resurgiendo.
Una Doula de la Muerte es una persona que tiene una sensibilidad especial y una conexión profunda con los ciclos de la vida, y por eso transmite confianza y calma durante el proceso orgánico y a la vez extraordinario de morir.
Existe un movimiento internacional que se propone devolverle a la muerte su lugar natural y sagrado, devolverle la muerte a las familias y las comunidades, para que podamos volver a acompañar amorosamente a las personas que amamos durante su tránsito a otro estado.
Uno de los saberes ancestrales que estamos recuperando, por ejemplo, es el ritual de preparación y lavado del cuerpo después de morir. Desde la época de las cuevas prehistóricas de entierro hasta hace pocas generaciones este ritual solía estar a cargo de una mujer sabia del pueblo o el barrio y se llevaba a cabo en un lugar íntimo, integrando a la familia.
En las primeras horas después de la muerte, este ritual ancestral consiste en lavar, ungir con aceites esenciales, vestir el cuerpo de la persona difunta y conservarla, en un acto de amor, delicadeza y belleza. Es una manera, entre muchas otras, de acompañar a una persona en su transformación al final de la vida, y también ayuda muchísimo a su círculo íntimo a incorporar su muerte y despedirse de ella.
Resulta esperanzador ver que esta manera de honrar y abrazar a la muerte se está expandiendo de nuevo por todos los rincones del mundo. La Abuela Muerte nos está guiando.
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Este artículo fue publicado en el Sincrodiario 2026 de Savia Lunar.
Si quieres saber más sobre la figura de la Doula de la Muerte, visita nuestra web: https://douladelamuerte.com/




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