Por  Sophia Style

 

Texto escrito para la ceremonia en recuerdo a mi madre
celebrada el 10 de enero de 2020 en Basilea, Suiza

 

Sophia y Sue Style

Sophia y Sue Style. Foto de Liliana Diaz, tomada en la boda de mi hermano y Lina en 2017.

 

Hace un par de semanas empecé a releer un libro de mi madre, Sue Style, sobre las abejas: «De la colmena al tarro de miel: una celebración de las abejas y su generosidad». En su extraordinaria investigación sobre la historia y las tradiciones relacionadas con la miel, incluyó la descripción de una antigua costumbre muy bella de la Europa Medieval según la cual, cuando alguna persona cercana a nosotros fallece, tenemos que ir a una colmena de abejas y hablarles sobre este suceso que cambia nuestras vidas, y también sobre nuestra pérdida.

 

Gemma, mi pareja, comparte el mismo amor por las abejas que el que tenía mi madre, durante muchos años fue apicultora y recientemente trajo sus colmenas muy cerca de nuestra casa. Y la semana pasada sentí que tenía que ir allí y hablarles a nuestras abejas de la muerte de mi mamá.

 

Foto: Aleksandr Gavrilychev

Foto: Aleksandr Gavrilychev

Es un poco arriesgado explicar esta experiencia aquí, porque que me emociona mucho. Pero me pareció un momento tan poderoso… Fui a sentarme junto a la colmena; zumbaban, entraban y salían volando…   Golpeé suavemente la caja, como sugiere aquella antigua costumbre, y les dije: «Sé que estáis muy ocupadas en una tarea muy importante para el mundo, pero quiero deciros que me siento muy triste porque mi madre, Sue, ha muerto.  Mi hermano, Olly, también está muy triste, y mi padre, Monty, está inmensamente triste, porque ella ya no está físicamente con nosotros.»  

 

Y pensé en todos los que estáis aquí, su querida familia y sus buenos amigos de tantos países y y ámbitos de su vida… Y dije a las abejas que vosotros también la echáis de menos, y que todos nos sentimos muy agradecidos por tantas y tantas cosas que ella trajo a nuestras vidas.

 

Tras expresarles este sentimiento, me sentí muy reconfortada. Aunque pueda sonar extraño, realmente sentí que me escucharon, y que les importaba… Así que continué hablando con las abejas, y les conté que me estaba preparando para hablar en esta ceremonia, y que hay tantas cosas que podría decir sobre mi madre que no sabía por dónde empezar…  Y me quedé allí, sentada en silencio, y al cabo de un rato sentí que las abejas me decían: «Solo tienes que centrarte en honrar a tu madre, desde tu ser, como hija, como la madre que también eres tú ahora,  y como mujer ”. De acuerdo … Vale … ¡Creo que debió ser un mensaje de la abeja reina!

 

Imagen: Ana María Velasco

Imagen: Ana María Velasco

 

Así que con todos vosotros aquí, con la ayuda de las abejas, y también inspirada por una bonita metáfora que una amiga compartió conmigo, de que nuestros padres y antepasados ​​plantan semillas en nosotros que podemos continuar, nutrir y también transformar en nuestras vidas:

 

Quiero honrar a mi madre como hija, ante todo por ese increíble acto de generosidad que todas las madres ofrecen a sus bebés al nacer, por traerme al mundo, precisamente aquí, en Basilea. He pensado a menudo en esta conexión, todas las veces que vine a visitarla al hospital, también en Basilea, durante las últimas semanas de su vida. Mi madre hizo un diario desde que se quedó embarazada de mí hasta los primeros años de vida de Oliver, con todo tipo de detalles conmovedores y divertidos relacionados con su experiencia como madre y nuestro crecimiento. Como por ejemplo, su determinación de tener un parto natural y amamantarme (¡tuvo que luchar por ello!). Estoy segura de que ello plantó en mí la semilla de mi trabajo como doula, apoyando a mujeres durante sus partos.

 

Quiero honrar el coraje y el sentido de la aventura de mi madre, que abrazó la decisión de mudarse a México por el trabajo de mi padre, cuando yo era un bebé de 9 meses… Y de empezar una nueva vida, en una nueva cultura.  Y cómo ella, junto con mi padre, nos llevaron a conocer todo tipo de realidades, y  la increíble calidez del pueblo mexicano, su colorida y picante comida… Todo ello plantó, sin duda, en mí y Olly  la semilla del amor por la cultura latina, ya que ambos nos hemos asentado y creado nuestras familias en España.

 

Quiero honrar la sensibilidad de mi madre y el hecho de que ella sentía las cosas con mucha profundidad,  lo cual es un regalo en sí mismo que le permitió comprender muy bien los retos de otras personas. Sé que esta sensibilidad no siempre fue fácil para ella, que venía de un  entorno en el que los sentimientos no se expresaban abiertamente, y esto a menudo también fue difícil para nosotros, cuando éramos pequeños … ¡Y estoy segura de que tampoco fue fácil para ella tener una hija tan intensa emocionalmente! Me siento muy agradecida de que esta sensibilidad y las dificultades emocionales plantasen en mí la semilla de mi trabajo para ayudar a otras personas a comprender la riqueza y la sanación que podemos encontrar en el mundo de los sentimientos.

 

Quiero honrar la forma de acoger y la hospitalidad de mi madre, su capacidad para hacer que todo el mundo se sintiese bienvenido en su presencia. En Nochevieja organizamos una pequeña fiesta en casa, y cuando llegó el momento de irse, una de las mujeres, a la que yo no conocía antes de esa noche, dijo que se había sentido muy cómoda y en casa, y reconocí de inmediato  otra de las semillas que mi mamá plantó en mí. Quiero hacer una mención especial a la aceptación total de mi madre (y también de mi padre) de mi relación con Gemma y cómo la acogieron en nuestra familia, algo muy importante para mí, y me siento muy feliz por haberle podido expresar mi gratitud y que fue algo que al principio no di por hecho.

 

Quiero honrar la determinación de mamá y su empuje como mujer. Me siento enormemente orgullosa de todo lo que logró; sé que para ella no fue fácil crecer, como niña, en un entorno que daba prioridad y privilegios a los niños. Tuvimos algunas conversaciones muy especiales sobre este tema en el hospital. Como para muchas mujeres, había un lugar dentro de ella, a un nivel muy profundo e íntimo, que carecía de confianza. Pero fue muy valiente y no permitió que ello impidiese la expresión de sus talentos, constantemente trascendió sus propias inseguridades y preocupaciones. Sé que su determinación se convirtió en una semilla muy poderosa para mi propio trabajo con las mujeres y lo femenino.

También quiero honrar a mi padre Monty, por la fuerza que le dio a mi madre al creer en ella, por cómo alentó y la apoyó con tanta lealtad.

 

Finalmente, quiero honrar la forma en que mi madre afrontó su muerte en las últimas semanas de su vida. Creo que este es uno de los mayores regalos que hemos recibido como familia. Mi madre llegó a un estado muy dulce y abierto que nos permitió ser muy honestos y expresar lo que necesitábamos decir o hacer. Hay una imagen muy clara en mi corazón, que ha traído una gran paz a mi duelo: mi padre, mi hermano y yo al lado de mi mamá, tomando sus manos, en la habitación del hospital, los cuatro llorando. Pude sentir un amor inmenso entre nosotros, y fue como si todo el dolor de la distancia que hubo en el pasado se disolviese totalmente en ese momento.

 

Siento una enorme gratitud hacia mi madre por esto… Y también quiero dar las gracias por la calidad de la atención que le brindaron en el hospital y el hospicio, y a todos los que habéis contribuido a que su muerte fuese una transición tan colmada de amor que le permitió  disolverse nuevamente en el mar, como dice el texto que ha leido mi hijo Marc, con tanta gracia y paz. Thank you Mum, por esta semilla final, que atesoraré dentro de mí el resto de mi vida.

 

Sue Style falleció el 16 de noviembre de 2019.

Si deseas conocer algo más sobre su vida y obra, esta es su web: https://suestyle.com/

 

 

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