Acoger nuestra herida profunda

 

Texto: Sophia Style

Mónica Sjoo, Inanna

 

«A veces, solo cuando nos sentimos profundamente tristes, o perdidas, o sin esperanza, puede emerger algo profundo de nuestro interior, algo muy fuerte y muy sabio que ignorábamos que existía en nosotras

 

En los mitos y las leyendas de todas las culturas encontramos la historia más antigua jamás contada: la del viaje del héroe o la heroína. Todas las etapas de esta historia son una metáfora para describir un viaje interno de transformación que pasa inevitablemente por un descenso al submundo para volver con un nuevo sentido de identidad, con un “tesoro” para compartir con nuestra comunidad que nace de quienes somos en nuestra profundidad.

Estos mitos, como la historia sumeria de la Diosa Inanna que visita su hermana Ereshkigal o el relato griego de Perséfone que baja al reino de Hades, implican que para sanarnos a un nivel profundo y abrazar nuestra plenitud y autenticidad como mujeres adultas, requerimos transitar inevitablemente por la experiencia de mirar y acoger las partes nuestras que hemos negado o rechazado para protegernos del dolor de nuestras heridas.

 

En la noche oscura del alma

Hoy en día, vivimos en una cultura que procura evitar a todo costo los retos y peligros del ‘descenso’. En las culturas matriarcales, el ‘submundo’ era el lugar de los misterios profundos, un santuario uterino o cueva sagrada de renacimiento donde tenía lugar la transformación y la regeneración. El fuego de la purificación era el útero de la Madre Tierra.

Con el patriarcado apareció el temor a lo que no se podía identificar y nombrar, a la oscuridad y a la muerte, que entonces se convirtió en el ardiente abismo del diablo. Hel  era la reina nórdica y mágica del submundo, y se convirtió en hell – infierno en inglés.

A veces, solo cuando nos sentimos profundamente tristes, o perdidas, o sin esperanza, puede emerger algo profundo de nuestro interior, algo muy fuerte y muy sabio que ignorábamos que existía en nosotras. Los momentos de descenso tienen la capacidad de conectarnos con el sentido más profundo de nuestra vida y con la voz de nuestra alma. En este sentido, no debería asustarnos “la noche oscura del alma”, aunque cuando estemos allí no sea un lugar cómodo ni placentero.

 

autoría desconocida

 

Cada viaje, una experiencia única

Maureen Murdock, al principio de su libro “Ser Mujer,  Un Viaje Heroico”, explica muy claramente la esencia de este viaje transformador para las mujeres:

“Las mujeres viven una búsqueda hoy día en nuestra cultura. Es la búsqueda del abrazo a su naturaleza femenina, de aprender a valorarse como mujeres y a curar la herida de lo femenino.

Como la mayoría de los viajes, el camino de la heroína no es fácil, no tiene señales bien definidas ni guías turísticas. No hay mapa, carta de navegación, ni edad cronológica, para el comienzo del viaje. No sigue caminos rectos. Es un viaje que raramente se ve validado por el mundo exterior.”

Cada una de nosotras, cuando sentimos la llamada y nos entregamos a esta búsqueda y este viaje interno, vivimos la experiencia de manera única, según las matices de nuestra historia personal y biografía familiar y también según el apoyo y recursos que encontramos en el camino. Y a la vez, hay algo que nos une a nivel colectivo en esta experiencia, y nos reconforta y anima saber que es un camino bien transitado, y que otras “heroínas” han vuelto con un tesoro en sus manos y en su corazón.

 

Expresión y vivencia de un descenso y resurgimiento: El viaje heroico de Eli

Comparto aquí un relato íntimo y profundo que recibimos de una mujer, Eli, con su permiso. Se trata de un texto que escribió después de integrar y poner palabras a su experiencia, coincidiendo con las nueve semanas en las que se entregó a nuestro curso online “Las Cuatro Lunas en Mí”. Es un testimonio que nos puede ayudar a entender la expresión y vivencia del viaje heroico en la práctica.  Te invito a leer su historia, y a escucharla desde el corazón.

“He bajado al submundo y no he tenido miedo. Ha sido incómodo pero a la vez agradable. Lo deseaba. Lo necesitaba. Lo agradezco. Tenía que ver y mirar. Ver sombras. Tiempo de oscuridad. Muerte.

He visto que no expresaba los límites y los ‘no’. No hacía demandas, solo tenía expectativas. Esperaba obtener de fuera y no de dentro. Estaba callada, sin presencia, perdida, sin ocupar mi trono. Me sentía enfadada, rabiosa, sola, no tenida en cuenta, desatendida. No me gustaba ese ‘yo’ porque no era ‘yo’, era falsa.

He visto que detrás de ese bloqueo, de esa parálisis, había algo muy profundo del pasado, una experiencia traumática que no era visible y no estaba presente en mi consciente de manera cercana ni real, que dolía ver, nombrar, aceptar como realidad. Y es muy posible que sea el motivo de mi escondite, quietud, dolor, silencio y debilidad, porque cuando me siento en una situación de abuso, o de exigencia por parte de alguien, me paralizo, me bloqueo, no respondo, asumo, me resigno y siento rabia al no poder reaccionar. Rabia que reprimo y se acumula, y duele.

Entonces lo he visto, lo he mirado, lo he acogido como algo que es: es mi sombra, es mi obstáculo, es mi boicot.

Todo tiene un momento, y ese momento ha sido ahora, y eso que pasó me ha hecho ser yo y me ha permitido hacer este viaje. Eso que pasó fue necesario y me ha permito aprender lo que he aprendido.

Cuando he visto, acogido y aceptado a esta yo callada, sumisa, descentrada, perdida, fracturada, incompleta, y la he amado, también la he limpiado, la he curado, no la he rechazado. Solo cuando he acunado mi vulnerabilidad lo he podido transformar.

Para eso he tenido que vivir un tiempo en el submundo, en la oscuridad y en el silencio (cerrada por vacaciones, en baja laboral durante más de dos meses, en lentitud y poniendo prioridades a mis actividades al reincorporarme al trabajo y a mi vida).

Este tiempo he tenido que sostener la incomodidad, el no saber, las dudas y las narrativas internas, mis cuentos, que eran confusos y cambiantes.

He pasado este tiempo con la ayuda de la Chamana y la Anciana: viendo mucho, quemando, curando, sanando, en silencio, poco a poco, lento, con el fuego sagrado encendiéndose de unas brasas casi apagadas, en mi santuario interior, en la cueva.

Pasado este tiempo he activado a la Madre y a la Doncella para que me ayudasen a levantarme, a salir, a recuperarme, a amarme y a coger fuerza y determinación para regresar del submundo con el tesoro que había descubierto.

Alquimizar lo descubierto y lo viejo para que se renueve, nazca, comience lo nuevo. He tenido valentía y amor hacia mí y hacia los míos (en especial mi pareja) y he expresado, nombrado todas esas sombras y esos traumas que he visto, los bloqueos y los obstáculos, todo lo oscuro y sucio y feo, le he puesto luz ante mí y ante ellos (los seres más próximos), le he dicho adiós y lo he quemado.

He dicho, le he dicho “esto era así, eras así, pero ahora ya no lo va a ser más”, he dicho síes y he dichos noes, he pedido y me he posicionado, he ocupado mi trono, completa, amorosa, alegre, autentica, valiente, libre.

Estoy en renovación y me siento alegre, confiada y feliz.”

Deborah Koff-Chaplin

 

Destapar nuestra herida y abrazarla para poder sanarla

Para soltar todo el potencial de nuestro “tesoro”, como vemos en estas palabras de Eli, parte del proceso incluye destapar nuestra herida, mirarla, atenderla, curarla… en una delicada danza entre no reprimir el dolor que contiene y tampoco alimentarlo ni apegarnos a él. Para algunas este viaje de sanación es más corto. Para otras, dura muchos años.

Hoy en día tenemos a nuestro alcance un gran abanico de caminos y prácticas para poner luz y consciencia amorosa a nuestras heridas. Es importante que cada una encuentre cuales son las que más la apoyan en el camino de volver al amor propio y la confianza en la vida. En mi caso, lo que más me ha ayudado han sido sesiones de terapia, las flores de Bach, la danza, las amistades profundas, la medicina de la naturaleza, los rituales, muchas joyas de libros, una relación consciente de pareja… Y sin la menor duda, los círculos de mujeres.

Poco a poco aprendemos a abrazar nuestra herida y a acompañarnos a nosotras mismas desde un lugar amoroso y sabio. Y esto nos otorga una sensibilidad especial que nos transforma y nos permite entender y acompañar a otras personas en sus momentos de crisis y transformación.

«Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, han conocido el sufrimiento, han conocido la lucha, han conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que las llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada.»  Elizabeth Kübler-Ross

Texto: Sophia Style (extraído y adaptado del Módulo 2, «La Que se conoce», de la formación online “El Camino de la Facilitadora”  y Eli Sanchez (alumna del curso online Las Cuatro Lunas en Mí).

Si este texto te ha resonado y te apetece compartir algún sentimiento o reflexión, puedes añadir un comentario al final de esta página. Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.

PROFUNDIZAR EN TUS CAPACIDADES COMO FACILITADORA

Si trabajas o deseas trabajar con grupos y deseas fortalecer tu capacidad de integrar las sombras en los círculos y en ti, te invitamos a conocer nuestra formación online “El Camino de la Facilitadora”. Esta propuesta te ofrece preparación y herramientas para, entre otras cosas:

 

  • Poder cocrear un espacio de confianza e intimidad con todos los elementos necesarios
  • Ofrecer tu capacidad de escucha profunda y calidad de presencia
  • Facilitar desde la autenticidad
  • Potenciar tus habilidades de improvisar y captar lo que necesita el momento
  • Sostener dificultades y retos como facilitadora
  • Conectar con la facilitadora desde los arquetipos femeninos: la Doncella, la Madre, la Chamana y la Anciana

. Para realizar esta formación es necesario haber cursado previamente “Las Cuatro Lunas en Mí”.

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