Las visualizaciones guiadas nos sitúan en un lugar interno de apertura y de sensibilidad, permiten liberar nuestra imaginación
y nos ayudan a conectar con nuestra “sanadora interna”

Foto: Sophia Style

Todavía recuerdo la primera experiencia que tuve de una visualización guiada como si fuera ayer. Tenía 19 años y me estaba costando muchísimo soltar y superar la ruptura de la relación con mi ‘primer amor’. Una amiga íntima, Emma, me escuchó y acompañó con mucha paciencia durante varios meses, hasta que una noche (¡seguramente ya un poco cansada de mi melancolía!), me sugirió que me tumbase cómodamente en el suelo y que simplemente escuchase y siguiese su voz.

Era una mujer muy creativa y amorosa a la vez, y me dejé llevar, abierta a probar lo que fuera para ayudar a disolver ese dolor punzante que no se marchaba de mi pecho. Recuerdo la ternura de su voz y el alivio que sentí al relajar mi cuerpo, por fin, y sentirme sostenida en la tierra.

No sé de donde le surgió la idea, pero me propuso que me imaginase caminando en una playa, en un día soleado, hacia una casa grande situada delante del mar. Lo que ocurrió en los veinte minutos siguientes me sorprendió tanto que aún recuerdo con nitidez los detalles de ese viaje interno. De forma muy resumida, lo sentí así: en esa casa, una de las habitaciones representaba la relación que se había acabado, y mi amiga me invitó a repasar y agradecer todos los recuerdos en forma de objetos que había allí y a vaciarla del todo lentamente… Cuando ya no quedaba nada (tardé un tiempo en despejarla…), abrí la puerta, y la habitación se llenó de la luz del sol y del aire del mar.

Foto: Stéphane Bidouze

En el centro de la casa, visualicé unas escaleras que subían en espiral, y fui subiéndolas paso a paso, con una sensación de ligereza y alivio profundo.

Desde entonces, en todos mis talleres y formaciones, tanto presenciales como online (con grabaciones en formato de audio) incluyo las visualizaciones guiadas como recurso para acompañar algunos de los temas que exploramos, desde un lugar muy interno, intuitivo y personal.

 

A partir de estas experiencias, quiero resumir tres elementos que facilitan que las visualizaciones guiadas nos ofrezcan un camino de transformación y sanación personal y colectivo.

Una práctica sin esfuerzo

Cada vez que propongo a un grupo o a una persona que prepare un espacio cómodo, se tumbe, y simplemente siga las pautas que escuchará, es muy evidente que hay un deseo y una necesidad enorme de simplemente parar, de no hacer nada y entrar en un estado receptivo y tranquilo.  Cuando salimos de las prisas, de la acción y de las obligaciones durante un tiempo, damos un espacio a nuestro cuerpo y a nuestra mente para volver a la quietud y regenerarse, como una semilla en la tierra en invierno.

Además, el hecho de tener a alguien que te vaya guiando de manera suave y confiada y te ayude con sus palabras a entrar en un estado cada vez más relajado es de gran ayuda, ya que muchas veces nos cuesta bajar el ritmo acelerado de nuestros pensamientos y del día a día.

Lo que me encanta de las visualizaciones guiadas es que nos sitúan en un lugar interno de apertura y de sensibilidad, un lugar que no implica un esfuerzo o control por nuestra parte. Desde allí nos podemos dejar sorprender y permitir que emerjan imágenes, palabras y sensaciones que surgen de una parte profunda y muchas veces desconocida de nuestra psique.

Foto: Sophia Style

Liberar el poder de nuestra imaginación

Otro aspecto asombroso de las visualizaciones guiadas es la manera en que nos permite canalizar el poder de la imaginación y de la mente a nuestro favor, para ayudarnos a entender o transformar una situación o un tema concreto.

Muchas veces usamos nuestra mente para evocar imágenes negativas, imaginar lo peor, revivir algo doloroso del pasado… con todas las consecuencias que esto tiene para nuestra salud emocional y física. De hecho, es fascinante observar lo que ocurre en nuestro cuerpo cuando imaginamos una escena estresante o terrorífica, incluso simplemente al pensar en un sabor ácido, un ruido desagradable. Nuestro corazón se acelera, los músculos se tensan, sube la presión…

En cambio, cuando imaginamos algo relajante, gustoso, tierno… nuestro cuerpo se afloja, algo se abre y ensancha, nuestra sensación de bienestar aumenta. El ambiente y la intención general de una visualización guiada tiene que ver con conectar con imágenes, paisajes y situaciones que nos nutren y nos permiten volver a una confianza básica en la vida y a poder escuchar las respuestas que tenemos dentro de nosotros.

Conectar con nuestra ‘sanadora interna’

Por último, el hecho de crear un lugar acogedor y tranquilo y darnos un tiempo sin distracciones para viajar hacia dentro y escuchar la voz de alguien que nos guía y sostiene, nos brinda la oportunidad perfecta para conectar con nuestra propia voz más sabia y amorosa.

Siento que las visualizaciones guiadas tienen el potencial de ser una llave maestra que abre puertas a lo más profundo de nuestro ser, para conectar con lo que llamo nuestro “sanador o sanadora interna”.  Si no creamos este tipo de espacio para la escucha interna, es difícil que entre las prisas de lo cotidiano emerja esta voz reflexiva y ancestral, esa parte nuestra que sabe lo que realmente necesitamos en nuestro camino de la vida.

Cuando abrimos una puerta a nuestro inconsciente y a lugares muy internos y profundos, se da la posibilidad, como he vivido de manera muy clara, de transformar patrones y creencias antiguas, de dejar ir algo que nos carga y limita y de sanarnos a nivel emocional y físico. A través de las imágenes e inspiración que recibimos, una visualización guiada puede aumentar nuestra confianza en la vida, ayudarnos a liberar nuestro potencial y creatividad, y cultivar nuestra conexión espiritual.

Autora: Sophia Style, creadora de Mujer Cíclica

VISUALIZACIONES GUIADAS DE MUJER CÍCLICA

Si deseas experimentar el poder de las visualizaciones guiadas para conectar con tu sabiduría interior, te proponemos una serie relacionada con algunas de las cualidades de los cuatro arquetipos. La de la Chamana, para soltar y transformar; la de la Anciana, para escuchar y decidir, la de la Doncella, para confiar y lanzarte, y la de la Madre, para sostener y dejarte sostener… Con cada una tendrás una herramienta para explorar, recibir inspiración, guía y ayuda sobre cualquier tema que tú escojas: Te invitamos a descubrirlas.

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