Entrevista a Lilyán de la Vega, facilitadora:  

“Me he convertido en una facilitadora que también puede ser una participante más”

En el “Círculo de Mujeres que se Dan Cuenta”, desde hace más de dos años todos los martes se reúne un grupo de entre seis y doce mujeres en Oaxtepec, Morelos (México). Y tienen una consigna: si alguna vez a alguna le toca estar sola en la sesión, porque no llega nadie más, se compromete a dedicar la hora y cuarto que dura el encuentro al autocuidado, haciendo lo que más le apetezca, disfrutando de su propia compañía. Cualquier cosa menos conectarse a redes sociales.

Lylián de la Vega es la facilitadora de referencia de este círculo, y el relato que nos ha ofrecido sobre cómo ha ido evolucionando el grupo y sus reflexiones dibujan un testimonio bello e interesante, muy enriquecedor para otras mujeres en caminos similares.

Este círculo se conformó bajo tres ejes temáticos: la práctica de mindfulness, el aprendizaje de la comunicación no violenta y la escucha en atención plena, y el compromiso personal con la sororidad como una manera de estar en el mundo y de relacionarse con el amor.

Desde sus inicios, Lylián invitó repetidamente a las otras mujeres a que también llevasen el grupo “para que fuera realmente un círculo y no un triángulo” con ella “siempre en el vértice”, aunque no logró que ninguna se decidiera a asumir este papel. Pero hace un tiempo hubo un punto de inflexión: “Por motivos laborales me vi imposibilitada para seguir facilitando el grupo de forma regular como lo hacía hasta entonces, y planteé a las integrantes del círculo dos opciones: o cerrábamos el espacio o compartíamos la facilitación entre todas, por turnos”. Tras superar ciertas resistencias, llevan ya cinco meses manteniendo el círculo –sin fallar un solo martes- por su cuenta.

Por fin hemos logrado que sea un verdadero círculo, en el que compartimos la responsabilidad y el gozo de facilitar. Y ha sido espectacular.”

Lilyán, ¿qué te llevó a la decisión de facilitar grupos y círculos de mujeres? Cuéntanos algo de tu motivación y la llamada que sentiste para crear estos espacios de transformación.

Cuando me convertí en madre, hace 18 años sentí la inmensa necesidad de pertenecer a un grupo de mujeres que estuvieran viviendo la experiencia de ser madres por primera vez, como yo. Y como no lo encontré, formé uno. Nos reuníamos una vez al mes y la única consigna era hablar con absoluta sinceridad sobre cómo vivíamos la maternidad, sabiendo que no seríamos juzgadas, sólo escuchadas y contenidas. Entonces aún no conocía el concepto de círculo de mujeres.

¿Qué es para ti  una facilitadora? Si tuvieses que destacar uno de los dones o habilidades que te parecen esenciales para poder facilitar grupos, ¿cuál elegirías y por qué?

Para mí una facilitadora es alguien capaz de crear un espacio de confianza y seguridad para el grupo con un objetivo claro, y que acompaña a las demás para no perder el rumbo; creo que debe ser alguien empático, con la habilidad de escuchar y la firme intención de no juzgar ni salvar, sino estar en atención plena para las demás, e inspirarlas a llevar a cabo esa misma labor hasta que todas seamos facilitadoras de las demás. De tener que elegir sólo una característica sería la de no juzgar para conformar un espacio de confianza y seguridad para las otras.

¿Qué sientes que es importante para crear un clima de confianza, apertura y autenticidad en un grupo?

Ser auténtica también tú. No pretender, por ningún motivo, ser superior a las demás, y ser clara en que creamos un espacio en el que no se juzga ni se salva, sino que se escucha y se acompaña. También me parece importante ser flexible y relajada, para que quepamos todas, y para que el grupo pueda tomar la forma de todas las participantes, y no que sean las participantes las que deban amoldarse a él.

¿Cómo sientes que os nutre el círculo?

Nuestro compartir siempre ha sido enriquecedor: hemos conformado un grupo realmente solidario y hemos aprendido a comunicarnos de una forma diferente, lo que se ha visto reflejado cada vez más en nuestra interacción tanto en el círculo como en nuestra vida diaria.

Ha habido momentos en que me he sentido totalmente rebasada por mi trabajo, y he logrado escapar para unirme a nuestro círculo y recibir su amorosa energía, recobrar mi centro y mi paz, y ha sido un enorme regalo llegar a ese oasis que construimos colectivamente y ser ahora yo quien recibía su contención, su escucha, su silencio, su abrazo.

Es increíble la sensación de reciprocidad, de circularidad, del ciclo de la sororidad que hemos logrado crear juntas. Me siento profundamente agradecida.

¿Qué tipos de cambios o transformaciones observas en las mujeres que participan en él?

Lo que encuentro más notable es su capacidad de escucharse entre sí y dejar de juzgar y aconsejar. Creo que fue el primer reto al que  nos enfrentamos, y hoy todas somos muy conscientes de que es algo que voluntariamente mantenemos como fundamental para que el espacio siga siendo seguro para todas, al tiempo que nos empodera a cada una.

¿Cuáles dirías que son los principales retos para ti como facilitadora?

Ser congruente. Trabajar con mucha honestidad en no juzgar a las demás, y en no agarrar la batuta sino dejarlas explorar a cada una su posibilidad de ser ellas las que hablen, las que compartan, las que sean escuchadas. Durante muchos años he terminado siendo líder en los grupos, y algunas veces he olvidado que yo también puedo ser la que escucha y la que aprende de las demás. En este círculo, especialmente en esta nueva etapa, lo vivo diferente, me he convertido en una facilitadora que también puede ser una participante más y es muy gozoso.

¿De qué maneras sientes que te ha ayudado la formación “El Camino de la Facilitadora”?

Mucho. Principalmente me ha hecho consciente de las cosas que hacía intuitivamente para facilitar a mi grupo. Me ha dado herramientas muy valiosas para escuchar, para escucharme a mí misma y mis necesidades, para no caer en la tentación de salvar y resolver, sino establecer relaciones más sanas con los integrantes de mis grupos, y me ha conectado más con mi intuición soltando poco a poco –muy poco a poco- la cabeza…. Más corazón, menos cerebro.

¿Qué le dirías a otra mujer que se está planteando acompañar a grupos y formarse cómo facilitadora? ¿Qué tres cosas son imprescindibles para ti en este camino?

No te lo pienses. Es un proceso que, además de darte herramientas para facilitar grupos de mujeres, te hace crecer en lo personal, con mayor consciencia de lo femenino y sus fortalezas, con una guía amorosa y muy sabia en Sophia Style. Tres cosas que considero imprescindibles en este camino son: que tengas el tiempo para llevar a cabo el proceso, que hagas los ejercicios prácticos y que confíes plenamente en tu capacidad de comenzar a facilitar ¡ya!

Lilyán de la Vega es conferencista, instructora de meditación, coach personal y tallerista. 

Contacto:

 

Voces de Mujeres” es un espacio de entrevistas a exalumnas de las formaciones online de Mujer Cíclica, realizadas y editadas por Sophia Style y Carlota Franco.

Si nunca has participado en un círculo de mujeres y te interesa saber algo más sobre qué son y su poder transformador, te invitamos a leer el siguiente artículo: El poder transformador de los círculos de mujeres

Lilyán de la Vega ha sido alumna de la formación online  “El Camino de la Facilitadora”, un viaje de 22 semanas para explorar y reforzar tus dones como facilitadora de grupos, con lecturas, ejercicios y materiales audiovisuales, integrando la sabiduría femenina.

Inicio: una vez al mes. Para realizar esta formación es necesario haber cursado previamente “Las Cuatro Lunas en Mí”.

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