Artista: Georgia O’Keeffe

 

Punto de quietud en el año danzante, esta conjunción de noche más larga y día más corto nos llama a recordar la luz que se esconde tras la oscuridad. En todas las tradiciones, la gente se reunía en esta época del año para invocar la luz y el calor a restaurar la vida al mundo.

Hogares suplicantes llamaban las luces del cielo; los cantos, las danzas, las bebidas y comidas especiales daban calor y fuerza a los corazones.  En muchas tradiciones, se dejaba un sitio libre en la mesa para la visita inesperada; los extraños, que podían ser seres sagrados disfrazados, eran bienvenidos.

Cuando se acababa el baile, que nos deja con una vivida y confortable sensación de conexión y comunidad, podemos echar sobre nuestros hombros el abrigo de la quietud y así descansar, soñar, imaginar cosas que nunca han sucedido. Ralentizamos hasta adoptar el ritmo de las piedras, reflexionamos en las noches de invierno, guardamos nuestra energía como lo hacen los bulbos.

A nuestro alrededor, la oscuridad es profunda, nunca ha sido sondeado, pero reavivamos las brasas de nuestros corazones y así nos trasformamos en habitaciones doradas, permanecemos despiertas, observamos y esperamos el regreso de la inmortal luz.

 

Texto: Sherri Rose-Walker, de la agenda We’Moon 2018

 

 

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